Jorge Martínez ‘Aspar’, Alberto Puig, Daniel Amatriaín y Luis D’Antín son cuatro ejemplos clarificadores del valor añadido que representa conocer el negocio del motociclismo desde sus pilares, de una experiencia que se transmite de una generación de pilotos a otros. Estos ‘cocineros antes que frailes’ han sabido pasar el testigo a sus discípulos para construir los cimientos de una especialidad que sigue y seguirá dando muchos días de gloria al deporte español.
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El motociclismo es un deporte complejo, con múltiples matices técnicos, estratégicos e incluso económicos que sólo se pueden llegar a dominar a través de una larga experiencia. Conocer sus secretos resulta esencial en la búsqueda de esa excelencia que es el triunfo, al que todos aspiran pero sólo unos pocos saborean. Y a esa veteranía es, precisamente, a la que están recurriendo algunos de los equipos españoles en el Campeonato del Mundo para conquistar sus excepcionales resultados de los últimos años.
Antiguos pilotos mundialistas, incluso campeones, han querido aprovechar todo ese saber hacer para organizar eficaces estructuras de competición, que ponen al servicio de los jóvenes valores de los grandes premios. Controlar la maestría del pilotaje, las características de los circuitos, el arte de la puesta a punto de las máquinas, la complicada búsqueda de los patrocinadores… ha permitido a algunos ex pilotos convertirse en magníficos jefes de equipo.
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