Jorge Martínez ‘Aspar’, Alberto Puig, Daniel Amatriaín y Luis D’Antín son cuatro ejemplos clarificadores del valor añadido que representa conocer el negocio del motociclismo desde sus pilares, de una experiencia que se transmite de una generación de pilotos a otros. Estos ‘cocineros antes que frailes’ han sabido pasar el testigo a sus discípulos para construir los cimientos de una especialidad que sigue y seguirá dando muchos días de gloria al deporte español.
ALBERTO PUIG (Barcelona, 1967)
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Alberto Puig no se separa de Dani Pedrosa. El director deportivo de Honda (a la derecha) supo ver su potencial y apoyó al piloto de Sabadell hasta convertirle en el campeón más joven en dos cilindradas (125 y 250). |
El catalán compitió en la década de los 90 en los grandes premios de 250 y 500cc (llegó a vencer incluso uno de la clase reina), hasta que una gravísima caída en el GP de Francia de 1995 truncó su trayectoria deportiva. Pudo competir dos temporadas más pero su rendimiento con una pierna casi destrozada nunca volvió a ser el mismo, así que poco después inició su trabajo con la cantera.
Puso en marcha una exitosa copa de promoción monomarca de la que, entre otros muchos, surgió Dani Pedrosa. Desde entonces se ha convertido en inseparable del tricampeón como representante, consejero, amigo… y lo que sea necesario para que Dani cuente con los mejores medios, los mismos que le han llevado a la élite de MotoGP. Pero, además, Puig sigue con su tarea de formación y búsqueda de futuros campeones, con estructuras ligadas a Honda en las cilindradas de 125 y 250cc, caracterizadas por su contrastada eficacia y profesionalidad.
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