Jorge Martínez ‘Aspar’, Alberto Puig, Daniel Amatriaín y Luis D’Antín son cuatro ejemplos clarificadores del valor añadido que representa conocer el negocio del motociclismo desde sus pilares, de una experiencia que se transmite de una generación de pilotos a otros. Estos ‘cocineros antes que frailes’ han sabido pasar el testigo a sus discípulos para construir los cimientos de una especialidad que sigue y seguirá dando muchos días de gloria al deporte español.
DANIEL AMATRIAÍN (Barcelona, 1966)
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Daniel Amatriaín es el director deportivo de la escudería Fortuna Honda 250 cc y representante de Jorge Lorenzo, su gran baza, y el campeón del mundo de 250cc en 2006. |
Es otro ex piloto que ha conseguido como jefe de equipo el título que se le negó en su etapa sobre la moto. Compitió, también a caballos entre finales de los 80 y los 90, en grandes premios de 250 y 500cc, además de en Superbikes, pero sus medios limitados nunca le permitieron alcanzar el rendimiento deseado. Quizá por ello, tras su retirada deportiva, dedicó todos sus esfuerzos a que otros jóvenes pilotos españoles no se enfrentaran a las mismas dificultades que él. Y su diamante en bruto se llamó Jorge Lorenzo.
Cuando el mallorquín tenía sólo once años comenzó a beneficiarse de todo el apoyo de su mentor, que fue tejiendo los mimbres necesarios para que su pupilo evolucionase tanto como para llegar a proclamarse en 2006 campeón mundial de la cilindrada media. Y, como en los anteriores ejemplos, este éxito no es fruto de la improvisación o la casualidad, sino del trabajo bien hecho, del esfuerzo constante por aprovechar los medios técnicos que los grandes fabricantes mundiales ponen a disposición de los equipos españoles, algo impensable hace sólo unos años.
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